17/09/2019 2 min to read

El amor como única lucha posible

Category : arte, Entrevista, lugares, teatro

A propósito de “Tu amor será refugio”, la obra que se puede ver los viernes a las 23 en el emblemático espacio de la Agronomía, Cultural Morán, el director teatral Cristian Drut, reflexionó sobre los desafíos de trabajar con textos escritos por otro y la idea del amor como liberación y cobijo.  

Por Nancy Giampaolo.
Foto: Cleo Bouza.

Estás dirigiendo una obra que ganó el Premio del Fondo Nacional de las Artes el año pasado y que está siendo muy bienvenida por el público ¿Cómo te llegó la propuesta?

La propuesta de dirigir la obra de Juan Ignacio Fernández me llega a través de Aldana Illán y Luciano Ricio. Dos de los actores. En principio a mí me interesa poco cuando las propuestas vienen de los actores porque tengo la impresión que hay decisiones fundamentales que vienen ya tomadas. Por suerte me equivoqué porque el espacio de libertad y decisión fue muy grande y hubo lugar para que realmente me pudiera adueñar del proyecto. Hoy, ya estrenados, sin dudas me gusta pensar que los mejores montajes son aquellos en donde uno ya no sabe de quienes son las cosas. La lectura de la obra fue lo que realmente me motivó. Sentí que era volver a dirigir algo parecido a “Apenas el fin del mundo”, de Jean Luc Lagarce, obra que estrené en Buenos Aires hace como diez años. La escritura sensible y a la vez porosa de Juan Ignacio y una gran posibilidad donde yo podía llevar adelante mi trabajo como director. 

La puesta en escena no es para nada sencilla…

No. La obra tiene un procedimiento casi cinematográfico que trabaja por corte y con una multiplicidad de espacios que son realmente un problema para la puesta en escena. Que Juan sea dramaturgo y no tenga esa preocupación como director me resulta estimulante porque pareciera que se dedica a escribir sin estar pensando en un procedimiento o en cómo se llevará la obra adelante en el espacio. Un desafío para dirigir, obviamente. Después vino el diálogo con esos cuerpos: Matilde Campilongo, Yanina Gruden, Ignacio Hernandez y Alejo Sulleiro junto con Aldana y Luciano conformaron un equipo de actores que me propuso una suerte de lenguaje común para poder contar esta historia. No puedo dejar de nombrar a Cecilia Zuvialde, Facu Estol y Rodrigo Gómez que no son sólo escenógrafos iluminadores o músicos sino gente que muy cercana durante el proceso de ensayos me ayudó a pensar cómo poder llevar adelante el montaje.

La obra, que puede verse en el espacio Morán, tiene ciertas resonancias vinculadas a ese espacio y también se mete con cuestiones mucho menos particulares y más arquetípicas o universales…

Si, así es. La obra no conecta particularmente, por ejemplo, con el presente argentino, sino que trabaja con ciertos arquetipos como el regreso del héroe a la casa materna y su muerte inminente. También está el suicidio del padre y la dificultad de crecer para los que ya llegaron a los treinta, en tanto el título remite a una idea muy contemporánea del amor como refugio. Como única lucha posible. El último lugar donde poder guarecerse. La relación de la obra montada en el Cultural Morán y todos los significantes que se desprenden de ese espacio. La idea del amor como refugio que vence a cualquier sentimiento negativo.